El hecho que ha despertado esta reflexión sobre el poder de las canciones como material genético ha sido mi curiosidad por la cultura (debería decir culturas) aborígenes en Australia, donde trabajo seis meses al año. Al poco de llegar a Australia me di cuenta que a pesar de que la población aborigen representa menos del 6% de la población australiana, y a que dos de cada tres aborígenes viven en zonas remotas, abundan los grupos y cantantes aborígenes que combinan sus instrumentos, el didgeridoo y pares de boomerangs usados como instrumentos de percusión rítmica, con los estilos más diversos, country, rock e incluso rap. Un estudio reciente establecía entre 1000 y 2000 el número de cantantes y músicos aborígenes profesionales en Australia, quizás uno de cada 200 aborígenes.