Es a partir de los años noventa que la etnoeducación empieza tomar fuerza como demanda
y eje de lucha de los pueblos afrodescendientes. lucha y demanda hacia fuera: a los Estados que históricamente han negado y silenciado su existencia, y lucha y demanda hacia
adentro: a sus propias comunidades para fortalecer la pertinencia, los conocimientos, y las
prácticas y perspectivas de vida arraigadas a la ancestralidad, territorialidad y cimarronaje
pasado y presente. No obstante, hoy la etnoeducación también se encuentra dentro de los
discursos, políticas y planes de organismos multilaterales, de la cooperación internacional
y de los mismos Estados donde, y cada vez más, se pierde su sentido propio, reivindicativo
y reparativo convirtiéndose en una estrategia funcional del multi-pluri-inter-culturalismo
actualmente en boga.
Por tanto y en el contexto de este Encuentro y texto de compilación, parece importante
preguntar: ¿qué se entiende - y qué entendemos- por etnoeducación e interculturalidad,
y con qué visión y proyecto político? ¿Etnoeducación e interculturalidad como propuestas,
demandas y políticas de reconocimiento e inclusión en los Estado-naciones establecidos,
y/o como apuestas que pretenden incidir e in-surgir en estas estructuras de poder aun
colonial-racial?
Casa adentro
Casa afuera
Casas ajenas
Perspectivas de la interculturalidad
(...)
Tres puntos para cerrar
Como manera de cerrar, podemos señalar tres puntos centrales para los debates iniciados
y propuestos en este seminario y en este volumen que publique de manera de memoria y
compilación.
1. la etnoeducación e interculturalidad en sí no aseguran cambios reales en los
sistemas educativos -de la escuela hasta la universidad-, mas que todo cuando
sus prácticas y significados están separadas de un proyecto político de justicia
racial-social, reparación y transformación educativa y epistémica. Al contrario,
y como hemos argumentado aquí, ambas pueden servir como estrategias y
herramientas para promover y facilitar intereses ajenos, incluyendo de una
afro derecha en crecimiento a nivel internacional.
2. Asumir la etiqueta «etno» educación tiene el peligro de resaltar la diversidad
cultural, añadiendo contenidos sin cambios mayores en la estructura y matriz
de poder racial-colonial y su representación en el currículo oficial. de esta
manera hace muchas veces ocultar la lucha y razón de ser de afro o etno
educar casa adentro y casa afuera, invisibilizando a la desigualdad real y los
mismos sujetos «étnicos», es decir los afrodescendientes.
3. Pensar la interculturalidad y la etnoeducación solo como sustantivos es
eliminar o disimular sus capacidades de accionar. Es asumir ambas como
realidades existentes, metas llegadas y no como procesos y proyectos de
continua construcción. En cambio, hablar de interculturalizar y etno o afro
educar es asumir un accionar crítico que necesariamente se enlace o articula
con otro: el descolonizar. desligar los tres es perder el proyecto político que,
desde las comunidades de raíz africana, ha sido la lucha, demanda y razón de
resistir, incidir e in-surgir. Es perder vista de lo reparativo y es funcionalizar
la interculturalidad, dejando ambas (la etnoeducación e interculturalidad) ser
instrumentos y estrategias contemporáneas y coyunturales de «casas ajenas»,
sean de los Estados, multilaterales o la cooperación que, demasiadas veces,
operan solo dentro del margen de sus intereses y necesidades.
Para terminar, parece importante regresar a nuestras interrogantes iniciales, particularmente
a la pregunta: ¿etnoeducación e interculturalidad para qué, con qué propósitos y alcances?
Ahí la necesidad, como hemos argumentado a lo largo de este texto, de pensar, construir
y accionar la etnoeducación y la interculturalidad en «clave» o perspectiva decolonial.