Aproximadamente el 70% de los alumnos y alumnas que inician su andadura escolar en la Ciudad Autónoma de Ceuta posee
una lengua materna -el árabe ceutí- distinta al castellano, que es la lengua de instrucción.
La proporción de alumnos y alumnas -junto con sus familias- que desconocen totalmente la lengua española al acceder
a la Educación Infantil y Primaria va en aumento en esta ciudad y, junto a ello, la necesidad de salvar las barreras psicológicas,
lingüísticas y culturales producidas por el desconocimiento de la lengua de enseñanza oficial.
En la actualidad, los profesores y profesoras recurren al personal bilingüe árabe ceutí/español -generalmente conserjes, personal
de limpieza o personal administrativo- para solventar las dificultades idiomáticas existentes, o bien son las propias
familias las que acuden al centro acompañadas de una persona de su entorno que actúe como mediadora. En este sentido,
conviene recordar que muchos progenitores -madres, fundamentalmente- no acuden al centro escolar a interesarse por sus
hijos e hijas debido al desconocimiento de la lengua española, interpretándose erróneamente esta situación como de desinterés
de la familia hacia el proceso educativo del alumno o la alumna.
Si a las barreras lingüísticas y culturales unimos una situación familiar de desventaja socioeconómica -a la que el desconocimiento
de la lengua oficial no hace sino frenar el desarrollo y la promoción sociolaboral-, se elevan sobremanera las
posibilidades de que un alumno o alumna abandone tempranamente la escuela o no alcance las competencias necesarias para
avanzar de forma positiva en los ámbitos académico, emocional, laboral y social.
Los mediadores y mediadoras no sólo cumplen una función traductora, puesto que son el puente entre dos formas distintas
de ver la vida -el bilingüismo de Ceuta, recuérdese, es bicultural-, y contribuyen a fomentar la cohesión
social. Así pues, a la función puramente lingüística del mediador o mediadora iría unida una función orientadora
sobre cuestiones tan variadas como el modelo educativo, las inscripciones, la información sobre becas y ayudas estatales
y autonómicas o la orientación en la elaboración de tareas y materiales didácticos que tengan en cuenta la cultura materna
del alumnado. La función psicosocial, muy importante en la mediación, incluiría el apoyo a los departamentos de
Orientación, la participación en actividades de dinamización sociocultural e intercultural, la información/formación al
profesorado sobre elementos paralingüísticos propios de la cultura musulmana o la participación activa dentro de programas
comunitarios, entre otros.
Objetivos de la creación de la figura del mediador o mediadora lingüísticos
• Salvar las dificultades y barreras idiomáticas y culturales entre alumnado y profesorado y entre la familia y el profesorado.
• Servir de enlace entre la familia y la escuela, jugando un papel fundamental en los centros educativos y participando activamente
en la comunidad escolar intercultural.
• Contribuir al éxito escolar y académico de los alumnos y alumnas desconocedores de la lengua española -total o parcialmente-.
• Fomentar la “cultura del compromiso comunitario”.
• Promover y fomentar la participación e inclusión de las familias en las actividades que se realizan en el centro educativo,
dando a conocer a los padres y madres los cauces de participación (asociación de madres y padres, talleres, etc.).
• Fomentar la convivencia, previniendo y resolviendo conflictos interculturales.
• Evitar la infravaloración actual de la lengua materna del alumnado, siendo la mediación lingüística un primer paso para
alcanzar y mantener la equidad socioeducativa y la cohesión social.
• Servir de apoyo y ofrecer información a los equipos de orientación psicopedagógica.
• Dinamizar interculturalmente el centro escolar, promoviendo actividades que fomenten el conocimiento, respeto y aprecio
de las diferentes culturas presentes en la escuela.
MEDIDAS DESEABLES PARA LLEVAR A CABO LA PROPUESTA
• Contar con personal bilingüe español/árabe ceutí en los centros educativos para que actúe como mediador lingüístico.
• Ofrecer a los mediadores y mediadoras una formación interdisciplinaria (Cassany, 1996) adecuada en temas sociales,
interculturales, psicológicos y educativos.
• Dotar a los mediadores y mediadoras lingüísticas de un papel relevante en el acercamiento cultural, lingüístico y
social del alumnado y sus familias, haciéndoles protagonistas de actividades que vayan más allá de una mera traducción
lingüística.
• Regular legal y administrativamente la figura del mediador o mediadora.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
BLINI, L. (2009): La mediación lingüística en España e Italia: difusión de un concepto problemático
CASSANY, D. (1996): “La mediación lingüística, ¿una nueva profesión?”, Terminómetro, “la terminología en España”.
Barcelona, 62-63.
RIVERA, V. (2009): “Características del bilingüismo español-árabe ceutí en Ceuta”, en ABELLÓ y EHLERS (eds.), Escenarios
bilingües. Sevilla: Universidad de Sevilla, Peter-Lang (en prensa).
TUTS, M. (2007): “La enseñanza-aprendizaje del español como segunda lengua (L2) en contextos educativos multilingües”,
Revista de Educación, nº 343, mayo-agosto. Madrid: MEC, 35-54.
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