Nos adentramos en la hora
del recreo en el patio de éste
colegio público cuyas aulas
se llenan cada sábado de 10
a 14h de la mañana de niños
y niñas que renuncian por
unas horas a sus juegos, para
asimilar desde pequeños el
idioma de muchos de sus padres,
cuya perpetuación resulta difícil en
una sociedad mediatizada por el castellano
y el inglés.
Un reducido número de madres,
profesoras y colaboradores del Centro
Cultural Islámico de Valencia
cuya sede se encuentra a pocas manzanas
de la escuela, vigilan los juegos
estos pequeños aprendices de
árabe. El patio es el mismo pero distinto,
durante la semana lectiva allí
juegan e intercambian conceptos del
mundo 300 alumnos pertenecientes
a 19 nacionalidades extranjeras con
un buen nivel de integración y convivencia.
El colegio lleva a cabo un proyecto
de Educación Compensatoria basado
en buena parte en la multiculturalidad
así como una línea de inmersión
lingüística en valenciano en
la que ya participan éste año alumnos
de padres inmigrantes. Estos
precedentes pueden explicar la cesión
del mismo por parte del concejal
de Educación Emilio del Toro
para llevar a cabo ésta importante
experiencia.
La impresión durante el descanso,
es que los niños hacían menos ruido
y tenían menos conflictos que los que
normalmente se presentan allí durante
las clases corrientes del colegio público.
Antes del acceso a las aulas,
una mujer registraba cuidadosamente
la asistencia, mientras que otras
dos venden productos propios de los
países del Magreb, todas cuidadosamente
ataviadas con las prendas propias
de su cultura y religión de origen.
Todo ello transcurre bajo la mirada
atenta de Jabib, el encargado de
las labores de bedel y representante
del CCIV, organizador de los cursos.
Algunas madres españolas procedentes
de matrimonios mixtos ayudan
en el control de los juegos y actividades.
Las maestras esperan el final del
recreo para volver a las aulas.
Aprender árabe
Son cerca de 150
alumnos los que siguen cada semana
los cursos, agrupados por edades
desde los 3 a los 12 años, en aulas
con distinto número de inscritos dependiendo
del menor o mayor nivel
al que acceden. También asisten a las
clases un grupo de 15 españoles adultos
con interés en aprender árabe.
Para Jabib la cesión del colegio público
y de sus instalaciones para esta
iniciativa es lo ideal “porque tú puedes
enseñar en la mezquita pero sigue
siendo pequeña, no hay patio, los
niños no pueden disfrutar , los padres
cuando ven un sitio así los traen
con mucho gusto”. Nos confiesa que
antes de la escisión en el Centro Islámico
del barrio del Xúquer se llevó
a cabo una primera experiencia en la
zona del Puerto pero tuvo escasa matricula
y fracasó. La propaganda
para los cursos de árabe se realiza a
través de las mezquitas de Valencia,
carnicerías Jalal y los sitios a donde
van los musulmanes. Se financian
con aportaciones voluntarias. Las
maestras sólo cobran una cantidad
simbólica por su dedicación. Para financiar
el Centro Cultural Islámico
algunas madres venden sus productos
caseros en el recreo.
Conversamos con Areej, nombre
de difícil pronunciación tanto como
el aprendizaje de las grafias árabes
que esta joven maestra enseña a sus
dos grupos de infantil en sesiones de
mañana y tarde. Nos comenta el creciente
interés no sólo en familias de
origen musulmán sino entre españoles
por ésta lengua tan ligada a 800
años de presencia en la península.
Para Areej el árabe es importante
“primero, para conocer la religión y
leer el Corán porque sin éste idioma
no podemos leerlo”, pero además
“cuando nuestros hijos van a visitar
a sus familiares a nuestros países lo
necesitan para entender a la gente de
allí”. Además, prosigue, “es nuestra
lengua, la de los padres, ¿y es importante
que los hijos sepan nuestra lengua,
no?”. Reconoce sentirse satisfecha
con el respeto y la comprensión
de sus vecinos valencianos ante la enseñanza
del árabe a los niños.
Convivencia en paz
Junto a la valla
soleada del patio de infantil encontramos
a dos madres españolas
a quienes interrumpimos su tranquila
espera. Para una de ellas originaria
de Bilbao y que lleva a su hija ya
dos años a este tipo de cursos, en
Euskadi, “a pesar de haber menos
árabes y musulmanes, se han llevado
a cabo experiencias con un resultado
muy bueno, incluso le dieron
un premio del ayuntamiento al colegio
religioso concertado de mi hija
por las Jornadas Multiculturales
que celebraron”. Por el contrario,
en el caso de Maria José, vecina de
Valencia , a su hijo lo rechazaron de
un colegio católico concertado de la
ciudad “por no estar bautizado y
porque su padre era árabe”. Se declaran
muy satisfechas con las clases
actuales porque los profesores
explican bien y los niños, dependiendo
del nivel que lleven, van cogiendo
práctica. En su caso su hijo
necesita el idioma para entenderse
con la familia del padre y además
considera importante que aprenda
sobre su cultura y un poco de su religión.
Respecto a las oportunidades
de escuchar o usar el idioma en
su vida cotidiana se resignan a las
emisiones por satélite de las televisiones
de Al Jazeera, Marruecos y
Argelia, o en todo caso a los viajes
en vacaciones para ver a sus abuelos
y familia. Finalmente se congratulan
del nivel de aceptación de los
amigos y compañeros de sus hijos
respecto a la asistencia a las clases.
“De hecho, mi hijo juega al fútbol
y cuando tiene partido los entrenadores
y sus compañeros aceptan que
a lo mejor Asden tenga que irse antes
de finalizar para ir a estudiar”,
nos declara María José.
Cuando el timbre resuena entramos
a las aulas con los alumnos. No
se produce el rito de la oración a pesar
de la extensa jornada matinal,
porque los creyentes prefieren la intimidad
de su mezquita cercana. Algunas
maestras que rellenan pizarras
de grafías para nosotros inninteligibles,
nos permiten tomar fotos
con sus mejores sonrisas. En las mismas
clases, cedidas voluntariamente
por profesores del colegio público
Miguel Hernández, se dan también
clases de religión católica de
acuerdo a los concordatos del Estado
con el Vaticano que han permitido
priorizar a la iglesia de esta confesión
respecto a otras durante muchos
años. Carteles por la paz y la
convivencia decoran las paredes de
estas clases habilitadas para la acogida
de esta experiencia singular
que cada año atrae a un número mayor
de niños y adultos.