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Coeducando en el patio, la biblioteca y el laboratorio

Pandora Mirabilia

CEIP Gloria Fuertes. Córdoba




 

Coeducando desde el juego y la lectura es uno de los proyectos por el que el colegio de educación infantil y primaria Gloria Fuertes fue galardonado con los premios Irene. Parte de la filosofía pedagógica de que a través del juego y materiales no convencionales, como los cuentos colectivos inventados o los experimentos, se fomentan todo tipo de valores y habilidades sociales y se puede avanzar en la igualdad de género.

Antes de poner en marcha este proyecto, el colegio realizó una evaluación con perspectiva de género donde se constató un alto grado de estereotipos y actitudes sexistas en diversos planos: en las reacciones hacia propuestas de igualad entre chicas y chicos; a la hora de participar en actividades en el aula; en la ocupación de los espacios y el reparto de tareas y responsabilidades o en la propia comunicación verbal.

La coeducación en este colegio cordobés no empieza ni acaba con este proyecto concreto sino que se articula con otras experiencias educativas. Desde 2007 se han desarrollado diversos proyectos donde se han incluido una perspectiva de género como: Atención a la Diversidad de Género (Coeducación); Escuela espacio de Paz; Proyecto de Lectura y Biblioteca y El Deporte en la escuela.

Cuando visitamos el centro nos reciben Manuela Lozano González y Magnolia Gil Gomez, la primera es profesora de educación física y era la coordinadora de coeducación del centro hasta que le relevó Magnolia, profesora de música. Ambas tienen claro que es imprescindible coeducar dentro de los centros educativos desde los cursos de infantil y que es necesario implicar a toda la comunidad educativa, desde el propio profesorado, al alumnado y también a las familias. En sus respectivas clases tratan de reflexionar sobre los roles de género y la división sexual del trabajo a partir de diversas técnicas no convencionales. Pero más allá de su práctica individual, aspiran a que la coeducación sea transversal en el centro y que se implique toda la comunidad educativa. Los proyectos mencionados han sido un buen punto de partida para hacer corresponsable de la coeducación a todo el centro, a pesar de que no todos los profesores son receptivos y la respuesta de las familias no es la deseada. Rodearse de gente afín es fundamental, nos advierten, “porque sola es imposible hacerlo”.

Los pequeños avances en un centro como el CEIP Gloria Fuertes son muy significativos. “Es un centro periférico y con carencias socioculturales y se nota en el alumnado: tienen menos interés, las familias aparecen poco en el centro, salvo que haya algún conflicto.

Suele haber conflictos que vienen de la calle”, aclara Magnolia. Otra barrera importante es la falta de referentes, “el barrio para los alumnos y alumnas lo es todo, no salen prácticamente del barrio, les cuesta mucho salir, algunos ni conocen el centro de Córdoba”.

Conscientes de estas dificultades de partida estas profesoras no desisten en su interés por la coeducación, “Los niños son el futuro, yo no le quiero comer la cabeza, pero si mostrarle otras realidades más allá de su barrio”. Valoran que estos proyectos coeducativos han tenido muy buenos resultados y siguen revolucionando el centro y expandiendo su motivación. Para socializar la experiencia de los juegos cooperativos, estas profesoras han ofrecido cursos a otros profesoras y profesoras que trabajan en coeducación, así como a alumnado de educación en prácticas. Cien personas adultas se han puesto ha jugar y han podido observar en primera persona que pueden jugar y conseguir un único objetivo de forma cooperativa, nos relatan estas profesoras.

Oportunidad educativa e interculturalidad

Además de los proyectos concretos, pensados y diseñados para paliar desigualdades por cuestiones de sexo y género en el Patio (con juegos cooperativos) y en la Biblioteca (animando a la lectura con cuentos no sexistas), estas profesoras tratan de coeducar a partir de cada oportunidad educativa. La versatilidad del profesorado de primaria, permite que puedan adaptar los diversos contenidos curriculares a este objetivo.

Manuela nos pone el ejemplo de una clase de historia: “En sexto estuvimos viendo el paso de la mujer en el tiempo, vimos la mujer egipcia, las mujeres escribanas, en la época romana cómo se las encerraba en las casas”, una niña de etnia gitana me decía “pero por favor, si se las encerraba en vida” y a partir de ahí analizábamos formas de confinamiento que pueden ser parecidas, como una niña del centro que ha sido pedida para matrimonio y se ha ido a casa de su suegra a vivir... Si les digo que Aristóteles decía que la mujer era un hombre inacabado y como ser más débil había que dejarle los pormenores, como es de otra cultura, les choca, y a partir de ahí inicio un proceso de comparación con sus culturas.

Otra clave importante para trabajar en comunidades gitanas es el vínculo de confianza, añade Manuela: “un mínimo de un año para que te conozcan y te respeten y tu palabra tenga peso, más siendo mujer en este colegio, es imprescindible”

Aprender a partir de experimentos, ligando los contenidos más abstractos de química o matemáticas a algo cotidiano, es otra de las líneas que se han impulsado en el centro para motivar a niñas y a niños recuperando saberes tradicionales y fomentando, además, un consumo responsable.





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