DERECHOS HUMANOS, MUJER E INMIGRACIÓN
Hacia una educación intercultural en el aula

Capítulo 4 MUJER E INMIGRACIÓN

Capítulo 1:
Los Derechos Humanos


 

Doble discriminación

La mujer que reside en otro país es objeto de doble discriminación por el hecho de ser mujer y ser inmigrante.

Con demasiada frecuencia constatamos que las mujeres inmigrantes en Europa reproducen en los primeros años de su estancia la forma de vida que llevaban en sus países de origen.

Eso es debido, en gran parte, a una escolarización a veces insuficiente y otras veces nula, que las hace depender de sus familiares varones para todo lo relacionado con el espacio público: carencias en la competencia lectora, desconocimiento del idioma del país de acogida, aprensión ante parámetros culturales que suponen un replanteamiento de sus valores tradicionales, sociedades europeas cuya rentabilidad pasa por el individualismo frente a las sociedades de origen más solidarias, etc.

Si las condiciones de acomodación de las personas de origen inmigrante son deficientes, como ocurre en la mayoría de los países europeos, pueden producirse situaciones de aislamiento dentro del propio grupo cultural. Si se originan en aquellos grupos en los que la cultura es claramente patriarcal, por tradición religiosa por ejemplo, se corre el peligro de volver a la reclusión de las mujeres en el espacio privado, trasladando de esta manera al país de acogida los modelos de discriminación que ya vivía en su país de origen.

La situación de discriminación y de dependencia del núcleo familiar masculino y su incapacidad para relacionarse con el exterior les hace caer en una doble invisibilización, un especie de "tierra de nadie" de sus derechos fundamentales.
Esta situación, relativamente nueva en España, atañe particularmente a las mujeres cuya lengua materna no es la del país de origen. Por citar un ejemplo europeo, en los primeros años de la inmigración magrebí y turca en Bélgica, por ejemplo, era habitual que las mujeres reprodujeran su modo de vida, sin entrar en contacto con la sociedad de acogida, para nada. Muchas mujeres procedentes de zonas rurales, eran analfabetas en su propia lengua y a veces incluso apenas hablaban un dialecto de su región. En estas condiciones, les era imposible comunicarse no sólo con sus vecinas europeas sino que también entre personas de origen similar, la relación era improbable. Dependían por lo tanto de sus compañeros para todo lo relacionado con la vida cotidiana y los asuntos legales.

Afortunadamente, gracias a campañas de sensibilización y al propio incremento de personas inmigrantes, la organización de centros de formación, de alfabetización y de enseñanza de la lengua del país de acogida han favorecido la participación de las mujeres inmigrantes que han promovido redes de apoyo en los barrios, en los movimientos asociativos, en las escuelas de adultos etc.

TEXTOS COMPLEMENTARIOS
La mujer inmigrante, doble exclusión. Por: Ecuador Llactacaru. Asociación de Inmigrantes Ecuatorianos en Catalunya para la Solidaridad y la Cooperación
Soy pobre, ignorante y además nací mujer