"I mataq sutiyki", pregunta Limbert Torres Soto (10), captando la atención del grupo. A coro, sus compañeros traducen: "Dice que ¿cómo te llamas?". Entonces, sin esperar respuesta y con una sonrisa que no cabe en su rostro, el pequeño arremete: "Nokga parlani Qichwa (yo hablo Quechua)". Nadie en el colegio hubiese imaginado meses atrás tal manejo del auditorio. Limbert era sumiso, apenas si participaba en la clase y sentía -como muchos otros- cierta "vergüenza" por el idioma heredado de sus padres.
La escuela Luis Piedrabuena de Tupungato no pretende convertirse en un instituto bilingüe y menos especializarse en el habla norteña. Sólo buscaba -y lo logró con rotundo éxito- integrar a los alumnos descendientes o nativos de Bolivia, que representan cerca del 60 por ciento de su población. Así nació la idea de elaborar un diccionario Quechua-Castellano.
Fueron los chicos de 2do, 4to y 7mo año quienes abrazaron el desafío, pero pronto toda la escuela empezó a recolectar palabras quechuas: exploraron en su vecindario, entre parientes o en las fincas aledañas. Para algunos niños la tarea fue más fácil, pues no tuvieron más que armar una lista con los términos que usan todos los días en su hogar.
Cuando finalizó el primer sondeo ya habían acumulado miles de vocablos, tenían una Biblia y un cancionero popular donado por la comunidad y hasta consiguieron la versión en quechua del Himno Nacional Argentino. Por estos días, que cerraron el corpus para ordenarlo alfabéticamente, siguen llegando escritos de los padres con nuevas frases para incorporar.
No es habitual tanta intervención de los padres en este colegio rural del distrito Cordón del Plata. La población en esta zona de Tupungato creció notablemente en el último lustro, alentada por el trabajo de la tierra y por la empresa agroindustrial Alco. Pero lo hizo con una fuerte impronta de inmigración boliviana y del norte argentino -Jujuy, Tucumán-.
Hoy, la infraestructura escolar resulta pequeña para los 800 niños que asisten a sus aulas. Más de la mitad son inmigrantes o hijos de inmigrantes, y muchos aún están indocumentados. Por sus condiciones socioeconómicas, la escuela es una de las 54 en Mendoza que están incluidas en el Piie, un programa que ayuda a los colegios con alto índice de vulnerabilidad.
Poner en valor
En la Comandante Luis Piedrabuena no existen graves problemas de conducta ni violencia escolar. Lo que preocupaba más a los docentes era la integración de los hijos de inmigrantes. "Son cumplidores, respetuosos; pero su calificación bajaba por no participar, casi no hablaban", recuerda la maestra de Matemática, Silvana Ribis.
Hace unos años, llegó una nueva alumna a cuarto. La niña apenas si pronunciaba algún vocablo ante la insistencia de las maestras. Su rendimiento académico iba cada vez peor y todo hacía prever que repetiría el curso. Mientras que los educadores tejían conjeturas sobre las causas de su dificultad, la madre se presentó un día en la escuela y comunicó a las absortas docentes que su niña no entendía un ápice de español.
"Ellos manejan dos idiomas, algo que muchas maestras no podemos hacer. El saberse distintos -pero mejores- sirvió para aumentar su autoestima", comenta Adriana Peña, una de las mentoras del proyecto. Mientras tanto, los grupos de su clase cortan cartulinas para armar los coloridos diccionarios. "Hay palabras en Quechua y en Aymará, depende del lugar de donde provienen sus familias", explicó.
"Puma, chañar, chacra, chala", revela Sonia Vargas, "son palabras que se dicen igual en los dos idiomas porque tienen raíz indígena". A su lado, Sergio Rivera (10) confiesa entre dientes que aún le da vergüenza hablar como su papá "porque algunos amigos se ríen". Laura Ávila (8), por el contrario, desde que empezó a trabajar en el diccionario exige todas las noches a su mamá que le enseñe un poco de Quechua. Limbert hace lo mismo con su abuela Sandra.
El proyecto terminaba con el armado de diccionarios para la biblioteca escolar, pero la demanda de los chicos incluyó otras asignaturas: aprender los números en Matemática, términos de la flora y fauna mendocina en Ciencias Naturales.
Pero no terminó allí. "Ahora cada familia demanda su propio diccionario, es que manejan bien la oralidad pero muchos padres no saben escribirlas", contó la directora Stella Corsino.
Fuente: Los Andes On Line/Lista Interculturalidad