1. Introducción:
Resulta innegable que las habilidades de comunicación se intensifican
y se realzan por la intimidad con el contexto cultural de pensamiento y de
conducta. Por eso, en un mundo interconectado como el actual en el que los
contactos internacionales son inevitables, se hace necesaria una reflexión
profunda sobre cómo activar y desarrollar la comunicación intercultural de
una manera efectiva.
En el ámbito académico y partiendo de la realidad del aula de ELE
como espacio multicultural privilegiado, para ser conscientes de las divergencias
y de las convergencias culturales que obstaculizan o facilitan el
acercamiento, la toma de conciencia y la aceptación de otros modos de ver
el mundo, debemos prestar especial atención a tres dimensiones: creencias
y actitudes, conocimientos y destrezas. En relación a la primera, para desarrollar
una actitud positiva hacia el multiculturalismo debe trabajarse de
manera crítica sobre el concepto de cultura y sobre las ideas acerca de los
prejuicios, la discriminación, el etnocentrismo y los estereotipos. La segunda
dimensión -los conocimientos- está vinculada con la capacidad para conocer
nuestra propia perspectiva del mundo, para reconocer nuestra identidad
cultural, aunque ésta no sea siempre unitaria ni estable.
La última de
2
las dimensiones -las destrezas- tiene que ver con las capacidades específicas,
las técnicas de intervención y las estrategias que se necesitan para trabajar
con grupos de distintas culturas, para poder establecer un diálogo crítico
y autocrítico.
Como marco general, partiremos de esa larga tradición que defiende
que los patrones lingüísticos determinan el modo en que el individuo percibe
el mundo y su forma de pensar. Puesto que estos patrones varían, resultarán
diferentes concepciones del universo y de la vida humana. Una de las
fuentes de la idea de la relatividad lingüística está en el romanticismo alemán
de Wilbelm von Humboldt para quien el lenguaje expresa y modela el
espíritu del pueblo... tiene una forma interior propia, que organiza el mundo.
En la misma línea de pensamiento, la llamada hipótesis Sapir/Whorf establece
que el conocimiento que un pueblo tiene del mundo está en relación
con su lenguaje.La siguiente observación de Whorf explica este principio de
la relatividad lingüística:
Categorizamos a la naturaleza de acuerdo con las exigencias de
nuestro lenguaje nativo. No conocemos por observación directa a las
categorías y tipos que formamos del mundo de los fenómenos; por el
contrario, el mundo se nos presenta en un flujo caleidoscópico de impresiones,
y tiene que ser organizado por la mente, principalmente
por los sistemas lingüísticos de la mente. Dividimos a la naturaleza, la
organizamos en conceptos y le asignamos significados principalmente
porque pertenecemos a una comunidad lingüística que la organiza de
acuerdo con los patrones en los que está codificado nuestro lenguaje...
Este hecho es importante para la ciencia moderna, porque significa
que ninguna persona es libre para describir la naturaleza con imparcialidad
absoluta, sino que su descripción se sujeta a ciertos modos
de interpretación, aun cuando se cree más libre. (Whorf 1956:
213-214)
La lengua, pues, es el medio por el que el hombre crea su concepción,
comprensión y valores de la realidad objetiva, actúa como intermediaria
entre el sujeto y el objeto. De igual modo, las palabras que escuchamos
o que pronunciamos forman nuestro entorno semántico o clima verbal, un
entorno que influye sobre nosotros, por eso es importante tener conciencia
de ello y no olvidar que las palabras presentan también un significado intencional
constituido por aquello que sugiere (connota) en nuestra mente.
La lengua, por tanto, nace de la convivencia que se establece entre
nosotros y el mundo creado con los otros hombres. Ha surgido como una
llamada de atención sobre ese mundo y no es de extrañar que buena parte
de él esté modelado consciente o inconscientemente según los hábitos lingüísticos
de cada grupo social. Pero aunque existe una indiscutible relación
entre los miembros del clásico trinomio lengua, cultura y sociedad, Vívelo
(1978:19) distingue entre lo cultural y lo social:
Cuando hablo de lo cultural, me estoy refiriendo a los códigos
conceptuales, a algo que está en la mente de las personas. Cuando
hablo de lo social, me refiero a la conducta, a los patrones de ésta, a
las regularidades en la interacción entre las personas como miembros
de una sociedad. Por lo tanto, los términos "organización social"
o"sistema social" se refieren a las descripciones de las personas en
interacción, mientras que "cultura" se refiere a un conjunto de ideas
de acuerdo con las que actúan las personas.

Artículo completo
29 páginas